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Choque cultural inverso | Capítulo 4: Quiero volver... ¿a irme?

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Partiendo de la base de que irse o volver no son actos irreversibles y que, en circunstancias normales, emigrar o retornar no tienen por qué ser decisiones definitivas, el momento en que el se toma la determinación de hacer una cosa u otra, se puede vivir como un auténtico salto al vacío. Es normal que surjan dudas.  Te envalentonas, tomas la decisión y la ejecutas. El tiempo que transcurre en todo este proceso puede ser muy variable. Experimentas una variado de emociones consecutivas o incluso todas de una vez. Una sensación en concreto es muy habitual: el vértigo . Porque el movimiento implica cambios, y esto no suele ser algo que le encante a la mayoría. Cambio implica adaptación, y esa adaptación al cambio implica un trabajo interno. Ese esfuerzo adaptativo es necesario para afrontar lo desconocido, o reajustarse a lo que conocías, tanto si se quiere como si no.  Se me vienen a la mente dos metáforas. Una, el dolor que produce crecer cuando eres pequeña. ¿No te dolían las ...

Choque cultural inverso | Capítulo 3: "Te pasaste de rosca idealizando, ¿y ahora qué?"

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Idealizar ciertas cosas de tu país mientras estás emigrada es cosa natural. Me atrevería a decir que, incluso, necesario. La lejanía conlleva una nostalgia que hay que compensar de algún modo. Al ponerte a recordar, "fotoshopeas" la imagen que se te viene a la cabeza, dándole un efecto bucólico. Al volver y darte los primeros tortazos de realidad, te preguntas: ¿Dónde quedó todo aquel romanticismo? Antes no eras así, has cambiado...  Pero no es porque haya cambiado, es porque tú habías decidido registrar muchos recuerdos en tu memoria de la forma más amable posible. Habías exagerado.  Quizás te movió el querer contrarrestar la añoranza o puede que te diera un rebote de orgullo patrio ante alguna situación de vulnerabilidad en el extranjero y lanzaras un "¡esto en mi tierra no me pasaría!". En cualquier caso, todo lo que al irte formaba parte de tu paisaje, y a fuerza de rutina pasaba casi inadvertido a tus sentidos, se vuelve llamativamente evidente cuando estás en ...

Choque cultural inverso | Capítulo 2: "He vuelto... ¿Y mi homenaje?"

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A ver. No. No es que esperara un despliegue monumental (ni minimal ) con alfombra roja, pancartas con corazones, vítores y aplausos. Pero llegar y darte cuenta de que hay un ritmo al que debes adaptarte y ni de lejos esperar que en algún momento sea al contrario, tiene su punto de crudeza. Vuelves, causas mayor o menor revuelo, pero ya has vuelto. Ya te quedas. ¡Ya nos veremos! - escuchas decir. Cuando hacía unos meses te habían dicho "cuando estés aquí, cuando tengamos tiempo...". ¿Qué tal ahora? Sin homenaje, va, solo un café...  Vuelves. Allí dejaste a la familia de acogida, las amistades que hicieron de tu vida en el extranjero una experiencia mucho más reconfortante y plena. También dejaste a mucha gente preguntándote, en cuanto se enteraban de que te ibas, si podían alquilar tu piso.   Aquí tienes que buscar nuevo piso, trabajo, forjarte una nueva vida, restablecer la red y avisar de que has vuelto... para quedarte. Pero todo va a un ritmo que perdiste cuando emigra...

Choque cultural inverso | Capítulo 1: "La guiri soy yo"

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  Cuando ya pensaba que al volver de Alemania finiquitaba con el capítulo del  choque cultural  (que ni es "choque" ni es solo  uno , sino que son varios trompazos con sus vueltas de campana consecuentes), me topo de bruces, y en mi propio país, con el  choque cultural inverso . El caso es llevarse hostias por todos lados.  Menos mal que el regreso me pilla parapetada con la mejor de las protecciones para amortiguar los golpes: el humor (y mi flexibilidad ibérica).  Ya se podía intuir en las visitas esporádicas, sobre todo en las veraniegas. Sentía que el sol me quemaba más que antes. ¿Se me habría afinado la piel? ¡Eso no tenía ningún sentido! En todo caso debería ser al revés, que mi piel se hubiera endurecido tras años sumida en un ambiente casi polar, por aquello de proteger los órganos internos.    ¡Vaya! Parece ser que también se afina el oído. ¡Qué algarabía constante la que hay aquí! Si algo tengo que destacar sobre el resto de cosas ...