Choque cultural inverso | Capítulo 1: "La guiri soy yo"
Cuando ya pensaba que al volver de Alemania finiquitaba con el capítulo del choque cultural (que ni es "choque" ni es solo uno , sino que son varios trompazos con sus vueltas de campana consecuentes), me topo de bruces, y en mi propio país, con el choque cultural inverso . El caso es llevarse hostias por todos lados. Menos mal que el regreso me pilla parapetada con la mejor de las protecciones para amortiguar los golpes: el humor (y mi flexibilidad ibérica). Ya se podía intuir en las visitas esporádicas, sobre todo en las veraniegas. Sentía que el sol me quemaba más que antes. ¿Se me habría afinado la piel? ¡Eso no tenía ningún sentido! En todo caso debería ser al revés, que mi piel se hubiera endurecido tras años sumida en un ambiente casi polar, por aquello de proteger los órganos internos. ¡Vaya! Parece ser que también se afina el oído. ¡Qué algarabía constante la que hay aquí! Si algo tengo que destacar sobre el resto de cosas ...